Caído de lo sobrenatural

La llegada del Espíritu Santo a nuestras vidas es para darnos el nuevo nacimiento espiritual y para capacitarnos a vivir en lo sobrenatural. Esta habilidad de vivir en lo sobrenatural fue la que perdió Adán cuando cometió pecado en el huerto del Edén. Dice la Biblia que cuando Dios creó a Adán lo hizo a su propia imagen (Génesis 1:27). Adán tenía la capacidad de desenvolverse en lo espiritual, pues esa era su imagen. Por ser Dios espíritu, él es un Dios de lo sobrenatural y en esa virtud se la entregó a Adán para que él también viviera un estilo de vida espiritual. Pero ¿Qué paso? Adán pecó y esa capacidad espiritual entró en estado de muerte. La humanidad, representada en Adán, fue sometida a lo terrenal. En otras palabras, perdimos en Adán nuestra verdadera identidad espiritual. Los planes de Dios, de ver una “humanidad de fe”, se vieron obstaculizados, sin embargo, él no podía quedarse pasivo, por lo sucedido, tenía que hacer algo, debía sacar al hombre de esa condición en que cayó. Dios en su sabiduría concibió la idea de hacerse humano y venir al mundo como el ser encargado de devolver la condición original del hombre, o lo que es lo mismo, devolverle su verdadera identidad.

Jesús, Dios encarnado, tenía la misión de realizar esa obra, pero para nacer aquí en la tierra, no debía hacerla por reproducción humana, que si él hubiese nacido como hijo de José y María, la muerte espiritual también se habría apoderado también de él. Jesús tenía que nacer de una manera sobrenatural y fue exactamente lo que sucedió. Fue concebido en el vientre de María por obra y gracia de Espíritu Santo. ¡Por fin un hombre sin la muerte espiritual!

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