Demasiado ocupado para servir. 1ra parte

No hay nada que interfiera más con nuestra habilidad para servir a Dios que la necesidad de ganar el pan de cada día. Un observador de hace cien años se quedaría asombrado por el mejoramiento de nuestras condiciones de vida y por la cantidad de tiempo libre que nuestra tecnología nos ha provisto. Muy pocos norteamericanos trabajan regularmente más de cincuenta horas a la semana; la mayoría trabaja solamente cuarenta y cuatro horas o menos. Además, ahora vivimos un promedio de dieciocho años más que la gente de hace cien años, y contamos por lo menos con un tercio más de ingreso disponibles por familia. Cuando unen todos estos factores al hecho de que en Norteamérica haya quizás no más de veinte millones de cristianos, parecería claro que deberíamos estar dando el mensaje de su Jesucristo mucho mejor de lo que lo estamos haciendo.

La simple verdad es que la mayoría de los norteamericanos estamos demasiados ocupados para servir a Dios.  No hemos vueltos consentidos y cómodos con la bendición de Dios, olvidando el primer mandamiento. Mientras tanto, la inmoralidad y las herejías han surgido en alarmantes proporciones porque sus defensores son más celosos y manifiestos en el apoyo de su causa. Ya que Dios pide obediencia más bien que exigirla, muchos cristianos muchas veces pasan por alto la misma razón de su existencia: glorificar a Dios. Sin excepciones, Dios tiene un plan único y significativo para cada creyente, y éste no depende de la edad, las entradas, o las habilidades.

También es claro que Dios llama a cada uno de nosotros a que llenemos la brecha. Justamente como lo hizo Ester, cada creyente debe decidir si va a ser usado por Dios o pasado por alto y que otro sea escogido en su lugar. ¡Qué pérdida tan grande es que nosotros permitamos que las comodidades temporales y la vagancia nos roben las verdaderas riquezas tanto en esta vida como por la eternidad!

Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad. 2 Pedro 3:11

Dame más tiempo, por favor

La mayoría de los cristianos “rehusarían” hacer la voluntad de Dios; lo que justamente sucede es que el momento no es oportuno. Cuando Dios nos llama, El quiere obediencia primero y sabiduría del mundo último. Hemos permitido que las cosas urgentes de esta sociedad en la cual vivimos eclipsen las cosas importantes. Este hecho no es nuevo, ni único de nuestra generación. En realidad, Cristo lo experimentó en su andar en este mundo y lo predijo para nosotros.

Él nos dejó una parábola en la que Dios llama a los hombres a que le sigan. Estos fueron invitados a un banquete pero la mayoría de ellos estaban demasiado ocupados para asistir en ese momento; querían participar del acontecimiento, pero tenían muchas responsabilidades.

Y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos. Lucas 14:14.

Larry Burkett  

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