¡Dizque los padres se enojan! 2da parte

La mezcla de tales causas, las propias de la experiencia de los hijos como aquellas que les son impuestas explican, en mi opinión, la tendencia creciente en los hijos de nuestros tiempos al descuento de los padres. Es decir, al menosprecio de la razón, la autoridad y el derecho paterno a lo que es propio de su tarea formadora; así como a la poca consideración a la sensibilidad, la vulnerabilidad y el aporte de los padres. Lo que los hijos asumen como carencias, excesos o las obsolescencias de los padres se convierte, en opinión de los primeros, en la base del derecho que tienen para ignorar, menospreciar y aún retar no sólo el quehacer paterno, sino a los mismos padres.

La Biblia, por lo tanto, Dios mismo, se ocupa del asunto. Lo hace valiéndose de dos indicaciones puntuales. Déjenme empezar por el llamado a los hijos. A estos los exhorta: Honra a tu padre y a tu madre. Éxodo 20.12; Efesios 6.3  A tal exhortación, Pablo agrega una explicación: Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Honrar no significa obedecer incondicionalmente ni hacer la vida en función de los padres. Pero si significa respeto, reconocerlo como un no igual a uno mismo, y consideración. Considerar a los padres, además de tomar en cuenta lo que dicen y reflexionar sobre ello implica también el ser amables y de trato atento hacia ellos. Eso de ser amables no significa que los hijos sean modosos, sino que resulten fáciles de amar. Privilegio y obligación de los padres es el amar a los hijos, pero estos deben ocuparse de resultar fáciles de amar, es decir, amables. Aquí podríamos aplicar el principio bíblico aplicado a la relación con los pastores: Para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil. RVR1960 O, como lo traduce la NTV: Denles motivos para que la hagan con alegría y no con dolor. Hebreos 13.17

A los padres, Pablo recomienda: Padres, no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor. Efesios 6.4 Parece que para Pablo son los hijos, y no los padres, los más propensos a enojarse. Si los padres fueran carros y la paternidad camino, lo que Pablo indica sería: No se salgan del carril. No traten a sus hijos niños como si fueran adultos, ni a los hijos adultos como si fueran niños. Si el referente es la disciplina que proviene del Señor, luego, entonces, debemos renunciar a relacionarnos con nuestros hijos animados por nuestros afectos, temores y frustraciones.

Las relaciones filiales terminan en y con la muerte… del que se muere. Pero, de muchas formas los muertos siguen estando presentes en los vivos. Así que es tiempo, hoy, de que padres e hijos replanteemos el cómo de nuestra relación. De los hijos se espera, en todo tiempo, respeto y consideración. De los padres, el trato adecuado. Si unos y otros nos esforzamos por cumplir con lo que nos corresponde estaremos haciendo el mejor de los aportes… a los otros y a nosotros mismos. Sobre todo, en nuestra manera de ser padres y de ser hijos estaremos honrando al Señor y permitiendo que su gracia enriquezca el todo de nuestras vidas y las de otros.

Vida y Palabra. Ministerio Casa de Pan