El ambiente actual

También vemos nuestros problemas a la luz de nuestro ambiente actual. Necesitamos recordar algo que es clave: los problemas que nos rodean no son  tan cruciales como las personas que nos rodean. Nuestros problemas no nos vencerán; pero si las personas que nos rodean no saben manejar los problemas, entonces quizás sí seamos vencidos.

Hay dos maneras de responder a un ambiente lleno de problemas. Podemos ser como el jardinero que se enorgullecía de su jardín y lo conservaba hermoso. Un año su jardín fue atacado por la plaga del diente de león. El hombre intentó todo, pero no podía librarse de ellos. Finalmente, muy frustrado, envió una carta a la Secretaria de Agricultura donde explicaba todos los elementos que había probado y preguntaba que debía hacer ahora. La respuesta que le envió la Secretaria era simple: “Intente acostumbrarse a ellos”. Eso no era lo que hombre deseaba oír. Tampoco es lo que nosotros deseamos oír, pero algunas veces es el mejor consejo que podremos escuchar. La persona que espera vivir en una sociedad libre de problemas llegará a sentirse tan frustrada como este hombre que pensaba que iba a poder quitar todos los dientes de león de su jardín.

El otro día vi una historieta que mostraba a un niñito en el interior de un auto, mientras observaba cómo su papá, que estaba afuera, bajo una intensa lluvia, cambiaba un neumático desinflado. El niño tenía la ventanilla baja, y el preguntaba a sus padre por qué les sucedía esto. El padre lo miró y le dijo: “Hijo, ¿no comprendes? Así es la vida. Estas cosas suceden. No podemos cambiar de canal”.

Hay otra cosa que debemos comprender. Quizá siempre hay dientes de león en nuestro jardín, pero no tenemos por qué permitir que ellos arruinen nuestras vidas. Durante la Segunda Guerra Mundial, un joven soldado se casó con una mujer y la llevó a su destacamento en el desierto de California. A la mujer no le gustaba el desierto; tampoco le gustaba la sequedad del ambiente; su esposo estaba fuera de la casa, en servicio activo, la mayor parte del tiempo, y ella se sentía muy solitaria y aburrida. Finalmente le escribió a su madre diciéndole: “Mamá, me voy a casa. No me gusta el desierto. No me gusta este ambiente seco y no me gusta que mi esposo no esté en casa”. Es un lugar horrible para vivir”. La madre le escribió una respuesta que constaba de solo dos líneas: “Dos hombres miraban a través de las barras de una prisión; una veía cieno; el otro, estrellas”. Esa joven esposa captó el mensaje, y decidió buscar las estrellas. Comenzó a aprender lo máximo posible acerca de los cactus y las flores del desierto. Estudió el idioma, el folclore y las tradiciones de los indios que vivían en los alrededores. Para cuando termino el período de servicio de su esposo, ella estaba tan fascinada con el desierto que había escrito un libro acerca del mismo. Su problema no era el problema. Era la forma en que ella lo veía.

En Europa en siglo XV, la desesperación inundaba el continente. Probablemente fue el tiempo más descorazonador de toda la historia europea. En 1492, en Cronicas de Nuremburh, un alemán escribió que había llegado al fin, ya no quedaba nada por lo que valiera la pena vivir. Al final de su libro, este hombre dejó varias páginas en blanco en las cuales sugería a sus lectores que escribieran cualquier hecho o situación desalentadora que él hubiera omitido. Al año siguiente, 1493, un joven marinero regresó a su puerto en España con la historia más emocionante jamás hubiera sido contada. Cristóbal Colón regresó a Europa y dijo: “Amigos, hay todo un nuevo mundo allá afuera. Dejen de mirar los problemas. ¡Arranquen esas últimas hojas del libro!” Cristóbal Colón no estaba dispuesto a permitir que el ambiente de su época decidiera el futuro de su sueño, y se negó a que los problemas presentes determinaran su futuro.

John C. Maxwell