“Él me ayudó” afirma niña escritora que nació sin manos

Conocida como Cleidy, una joven guatemalteca de 11 años de edad, nació con malformación congénita sin ambas manos. En las comunidades guatemaltecas pobres, un niño con esta incapacidad sería considerado “inferior” sin esperanza para el futuro. A tal punto que su propia madre la dejó porque estaba avergonzada de la niña.

Gracias al apoyo de la abuela de Cleidy y un tutor en la organización cristiana “Compassion International” notaron el potencial de la niña. La diferencia ha sido impresionante. La joven Cleidy no solo puede escribir, sino que además gana premios por su escritura.

Aquí hay un breve pero extraordinariamente poderoso ensayo que escribió recientemente:

Estoy feliz así.

Nací muy saludable a las 7 pm, con un peso de 3.6 libras. Nací sin mis manos, pero puedo hacer todo. Me siento genial porque soy una persona, al igual que otras. Dios me hizo así, y aprendí a usar mis antebrazos en lugar de las manos.

Asimismo explica cuatro cosas que aprendió viviendo sin manos:

  1. Sé que Dios es bueno conmigo porque nos ha hecho a todos iguales.

Dios me ayudó a desarrollar mis habilidades y mis estudios. Soy el estudiante número uno en mi clase y siempre soy el abanderado. Mis amigos me dijeron que les gustaría tener mis habilidades de aprendizaje.

  1. Aprendí que no debía prestar atención si alguien me faltaba el respeto.

Tengo una buena relación con mis amigos. Me respetan y me tratan con amor si alguien me falta el respeto.

  1. Durante mi vida, aprendí que no hay límites.

Puedo hacer lo que quiera porque Dios siempre me apoya para seguir adelante.

  1. Con mis habilidades, no debería rendirme, sino esforzarme día tras día.

«Quiero mostrarle al mundo que si puedo, también aprenderán a ser felices para siempre».

En Guatemala, los recursos para niños con necesidades especiales en los sectores de educación y salud son inadecuados. Y muchos niños, cuyas discapacidades pueden haberse evitado mediante la detección e intervención tempranas, no reciben la atención oportuna que necesitan, especialmente en las zonas rurales empobrecidas de Guatemala.

Tal prejuicio contra los niños con discapacidad ha afectado a Cleidy a una edad temprana. Ella no sabe quién es su padre, y cuando tenía 3 años, su propia madre, avergonzada de la discapacidad de su hija, la dejó. Favorablemente, ella tiene una amable abuela, Victalina.

“Me entristeció lo que mi hija pensaba de Cleidy y cómo se sentía”, dice Victalina. “Sabía que debido a sus necesidades especiales, cuidarla sería un desafío. Pero confié en Dios”, manifestó la abuela.

Victalina entendía que Cleidy podría superar sus limitaciones y lograr los mismos éxitos que cualquier otro niño en la comunidad. Victalina agregó a sus aspiraciones la buena relación de Cleidy con Jamin, la maestra del centro asistida por Compassion a la que asiste la niña. De hecho, Jamin le enseñó a Cleidy a escribir.

“Trato a Cleidy como a las otras chicas del centro de Compassion”, dice Jamin. “Creo que ella tiene las mismas habilidades y posibilidades que ellos. Por eso le enseñé a sostener un lápiz con las muñecas para escribir. ¡Ella aprendió muy rápido!

Cleidy espera que pueda ser un estímulo para otros niños con discapacidades.

“Quiero apoyar a los niños con necesidades como las que tengo y alentarlos a que no se sientan solos”, expresa Cleidy. “Incluso si son como yo, sin padres, Dios siempre estará allí para ellos”.

Fuente: Joe Irizarry Noticias Cristinas