¡Más creced en la gracia y conocimiento!

“Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria y hasta el día de la eternidad. Amén. (2ª.Pdr. 3:17/18) 

Quienes hayan leído las dos cartas del apóstol San Pedro, habrán podido constatar la diferencia de circunstancias que concurrían entre una y otra carta.

La primera, fue escrita para advertirles y prepararles para el sufrimiento, por la hostilidad de un gobierno poco amistoso como el de Roma.

La segunda, es para advertirles, de ciertos pseudo-líderes, que se asemejaban a los falsos profetas que surgieron entre el pueblo de Israel, cuyas enseñanzas se caracterizaban por el engaño, (cap.2:1/3) la arrogancia, (cap.2:10/13) el protagonismo, la caricatura, la burla y la mentalidad carnal; (cap.2:18/20 – 3:3-26/17 ) empleando para ello dice Pedro: » Palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencia de la carne.»

Sembraban dudas sobre – el día del Señor, que vendrá como ladrón en la noche, – por lo que desacreditaban al apóstol Pablo, sobre este particular; teniendo que salir Pedro en defensa de Pablo, ante el descrédito manifiesto. Y en esto debemos tener mucho cuidado, pues cualquier afirmación dudosa sobre la Escritura, podía acarrear un descrédito de la misma.

Ahora bien, el énfasis que el apóstol hace en estos dos últimos versículos, es la actitud que el creyente debe tomar ante el error de estos enseñadores; en lugar del desánimo, esto es, “caer” nos amonesta a “crecer”

La admonición del apóstol a “crecer en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo;” es tema que deberíamos tener en consideración, toda vez que no ha sido divulgado con demasiada frecuencia.

Este texto, es clarificador de muchos conceptos, que sobre el crecimiento del cristiano se tiene y se enseña. Creced en Cristo, es crecer en todas aquellas cosas que nos llevan a “un varón perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13)

Mi propósito no es exponer ese crecimiento que encontramos en 1ª Cor.3:1/3 y Hbr.5:12/14, crecimiento poco desarrollado, teniendo necesidad de la leche, en lugar de viandas más sólidas.

Yo os quiero llevar a que reflexionéis sobre este concepto de – crecer en la gracia, – entendámonos bien, no de niños que han de crecer, por su poco desarrollo espiritual, sino todo lo contrario, cristianos adultos o mayores por tiempo ya en la vida de la fe, pero que han de tomar la actitud, – no como pseudo-líderes – que menciona Pedro; sino “como a niños” (como ejemplo a seguir) para crecer. “Si no os volvéis y os hacéis, como niños, no entraréis en el reino de los cielos”, (Mt.18:3)

Nos cuesta trabajo, a veces, comprender y explicar que quiere decir, “creced en la gracia”, ya que por gracia solemos decir que es –un favor no merecido,- pero esto sería expresar solamente una pequeña parte de lo que en realidad significa; es más, es el maravilloso impulso del infinito amor de Dios, que es derramado en infinidad de veces, en diferentes formas y maneras, sin restricción y sin medida alguna y no de acuerdo con nuestros méritos, sino según su inmensa misericordia y amor con que nos amó, el cual sobrepuja todo entendimiento, condición y situación en que nos encontremos.

Y para “crecer en la gracia” es menester que estemos arraigados en estos principios divinos que emanan de su corazón amante. Por consiguiente, en cuanto a “crecer en la gracia,” significa que el creyente debe establecerse en el mismo corazón de ese divino amor y arraigar cual semilla en ese precioso campo de la gracia de Dios, donde El y tan solo El, del crecimiento. (1ª.Cor.3:6/7)

El error nuestro ocurre a veces, es que hacemos un esfuerzo para crecer hacia la gracia, en lugar de, en la gracia y esto nos acarrea serios problemas de la carne.

Es el mismo apóstol Pedro en esta epístola, que nos pone como ejemplo de ese crecer hacia la gracia, a Balaam, 2ª.Pdr. 2:15/18. Léase en el libro de Números caps.22/24 – 31:16 – Apoc.2:14 – en estos capítulos esta la historia, de cómo quería alcanzar la gracia de Dios, en contra de su voluntad, y aun a sabiendas, por tres veces alzó ó elevó siete altares con el fin de conseguir su propósito y no el de Dios.

En la epístola de Judas vers.11, en relación con este cap. 2, de la 2ª de Pedro, añade a Caín ofreciendo en su altar el fruto de la tierra, esto es, el fruto de sus manos.

Jacob, en Génesis 28:16/20, encontramos que a pesar de las promesas de Dios en su gracia, él quiere un trueque: “si me das, serás mi Dios.” En Mt.20:20/23, encontramos a la madre de los hijos de Zebedeo, pide aquello que solo le está reservado al Padre; un hijo a la derecha y el otro a la izquierda en el reino de Cristo. En Lc.18:10/14 encontramos al fariseo diciendo: “no soy como este publicano, ayuno dos veces al día, doy diezmos… En Hchs.8:18/19, leemos que Simón el mago ofrece dinero para recibir el Espíritu Santo.»

Cuidado con utilizar este procedimiento de crecer hacia la gracia no vale utilizar los medios citados para conseguir un fin, pues con respecto a este crecer, con esfuerzo, más bien egoísta; ¿No nos dejó dicho el Señor: Quien de vosotros podrá, por mucho que se afane añadir a su estatura un codo.? Mt.6:27

El “crecer en la gracia,” siempre es y ha de ser, opuesto a crecer en confianza personal, por esfuerzo propio, e influencias o por estratagema de cualquier viento de doctrina. Ef.4:14

Con esto quiero decir, que debemos poner nuestro crecimiento al igual que todas las cosas, en las manos amorosas de nuestro Dios y Salvador. Cierto que esto es lo que quiso decir el Señor Jesús en Lc.12:27. “Considerad los lirios, como crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.”

Esto es crecer en gracia, dejar obrar en nosotros todo el poder vivificador de Dios que emana de su gracia y amor por nosotros.

Miremos prácticamente y de esta forma el asunto: Todos sabemos que no se crece por la fuerza, sino por un principio interior de vida; por consiguiente la cosa primordial es que se tenga en sí, ese principio interior de vida y entonces no podemos hacer otra cosa, más que crecer; porque nuestra vida está escondida, > en ese principio de vida < con Cristo en Dios. Col.3:3

Nadie como el Señor Jesús nos dejó mejor ejemplo, sobre este principio de vida interna que aclara lo expuesto. Jn.15:1/5 “ Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”.. vrs.4 “Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, así también vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.”

¿Y cómo se alimentan los pámpanos,? por estar arraigados en la vid de donde reciben la sabia (gracia, amor) para crecer y llevar fruto. Por consiguiente no necesitamos hacer esfuerzo alguno para crecer y llevar fruto, pero sí concentrar todo nuestro entusiasmo y voluntad para morar en la vid; si esto es así, podemos estar seguros que todos los recursos infinitos de la gracia de Dios, serán utilizados a nuestro favor, como lo son para los lirios y para loa pámpanos.

Si nuestro crecimiento en la gracia es de esta suerte, queridos lectores, tarde o temprano experimentamos una actividad interna que no nos dejarán estar ociosos en el conocimiento de Cristo y andar como él anduvo.

Bienaventurados – dichosos – seremos cuando aprendamos este secreto, que ya no hemos de trabajar por Dios el Señor, sino más bien dejar a Dios trabajar, en y por, medio de nosotros. Así vivía el apóstol Pablo cuando dijo: “Cristo ha obrado por mí, en palabras y hechos, para la obediencia de los gentiles” Ro.15:18 – 2ª. Cor.3:5

Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. Hbr.13:20/21

  1. Ibáñez
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