Un mensaje que parece absurdo. 2da parte

Nuestro creer enfrenta, de entrada, la presión de quienes en nuestra cultura presumen que sólo aquello que es científicamente demostrable es confiable y, por lo tanto, creíble: Que puede o merece ser creído. Desde luego, nos piden que sometamos nuestras creencias al método científico, mismo que consiste en el seguimiento de seis pasos: observación, inducción, hipótesis, experimentación, antítesis y la tesis o teoría científica. Personalmente creo que el fenómeno de la conversión y de la vida nueva puede ser sometido a tales pasos y, sobre todo, al hecho de que la muerte y resurrección de Cristo son el factor central de la experiencia de transformación del creyente.

Estoy convencido que este es un proceso que se repite una y otra vez y que, por lo tanto, está sujeto a los principios de la experimentación y de la antítesis. A final de cuentas la historia de los muchos no es sino una sola: Lo único que sé es que yo antes estaba ciego y ahora veo. Juan 9.25 Todos los días aumenta el número de quienes hacen suya la tesis de Jesús, viven paso a paso el proceso que la misma implica y sus vidas son transformadas. Al igual que cada día hay quienes deciden oponerse al evangelio y terminan demostrando la verdad que el mismo plantea para quienes lo rechazan cuando quedan sujetos al enemigo que sólo busca robarlos, matarlos y destruirlos. Juan 10.10

Sin embargo, lo que quiero proponer a ustedes es que el de la resurrección de nuestro Señor Jesús y la de nosotros mismos es una cuestión de fe. Tiene que ver con lo que no se ve y no descansa en los fundamentos que quienes no están en Cristo quieren condicionar: Los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, dice Pablo. Hebreos 11.1; 1 Corintios 1.22 Insisto, la resurrección tiene que ver con lo que creemos y lo que esperamos. Obviamente, no se trata de una fe sin fundamento. Lo que creemos es resultado de nuestra experiencia, de la aplicación a nuestra vida de las verdades del evangelio. Lo que hemos creído es lo que nos explica y lo que somos explica lo que estamos dispuestos y en condiciones de creer.

Se atribuye a San Agustín el haber propuesto: La fe consiste en creer lo que no vemos, y la recompensa es ver lo que creemos. De ahí que mi propuesta, mi simple propuesta, consiste en animar a ustedes a que creamos y actuemos en consecuencia. Quienes creemos que Jesús resucitó de entre los muertos, vivamos sabiéndonos salvos, en comunión con Dios y vivamos en consecuencia. Abundemos en santidad, en amor y en esperanza. Paguemos el precio de nuestro discipulado recordando nuestros muchos ebenezeres. Vivamos la realidad de la gracia, del favor inmerecido e incomprensible, pero no por ello menos real ni menos nuestro.

Así, en el paso a paso de nuestra experiencia habremos de ir acercándonos a la comprensión perfecta del milagro de la resurrección. Comprobaremos en esta vida la realidad de la vida del Cristo resucitado y nos acercaremos cada vez más al momento de nuestra propia resurrección. Podremos vivir y alimentar la esperanza de que quienes estamos en Cristo, aunque estemos muertos viviremos porque él vive. Así, habremos de confirmar que nuestra fe da para más que sólo para el momento presente. Que nuestra fe es una cuestión de eternidad.

Vida y Palabra. Un Ministerio de Casa de Pan

 

 

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