¿Hay motivos bíblicos para el divorcio y el nuevo matrimonio? 2da parte

En este contexto cultural y religioso, la afirmación del Señor de que la gente que se divorciaba por motivos menores cometía adulterio cuando se casaba de nuevo era impactante. Hasta asombró a los discípulos, como lo evidencia su respuesta  3  (Mateo 19:10). La enseñanza de Jesús era claramente contraria a las costumbres fáciles de su tiempo de divorcio y nuevo matrimonio. Él declaró que la única causa de un divorcio válido era por moralidad sexual, Mateo 5:32, un término que abarcaba una amplia gama de pecados sexuales. Posteriormente, Pablo añadió otra razón legítima para divorciarse: la deserción voluntaria de un no cristiano de su matrimonio con un cristiano (1 Corintios 7:15).

Aunque el Nuevo Testamento explícitamente dice que tanto la infidelidad conyugal como la deserción de un no creyente son motivos de divorcio y nuevo matrimonio para un cristiano, no ofrece una descripción detallada de cómo debe lidiar un cristiano con una situación conyugal intolerable que no incluye ninguna de estas circunstancias. Parece que Pablo estaba pensando en esas situaciones cuando escribió:

Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer (1 Corintios 7:10-11).

Para resumir, existe un acuerdo general entre los evangélicos de que aparte de la muerte de un cónyuge, el Nuevo Testamento sólo da dos situaciones en las cuales se puede terminar un matrimonio con derecho a casarse de nuevo: la actividad sexual ilícita y el abandono por parte de un cónyuge incrédulo. No existen otros motivos correctos. Aunque podría ser necesario en algunas otras situaciones que un cristiano se separara o se divorciara de su cónyuge, las Escrituras le exigen que permanezca sin casarse hasta que se reconcilien. Desde el mismo principio, Dios reconoció el profundo valor del compromiso incondicional entre los esposos en el matrimonio. Misericordiosamente proporcionó una forma de salir de las relaciones que ya han sido destrozadas por el adulterio y el abandono, pero nunca fue su intención que hubiera “una salida fácil”.

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