¿Necesita la familia ser restaurada?

La familia es una idea de Dios. Él la estableció como institución y quiere que permanezca, y por eso él quiere restaurar la familia.

La intención de Dios al establecer la familia era proporcionar al ser humano una atmosfera de amor, un ambiente para el goce y atención mutua de sus miembros. Ahora este propósito era posible solo si el hombre mantenía su comunión con Dios y le tenía como centro de su vida. Pero el hombre ha extraviado la base de su unidad y bienestar familiar, que es la comunión con Dios. Por eso la familia de hoy es un cuadro sombrío. Está en crisis porque el hombre ha dejado a Dios.

7 de cada 10 matrimonios terminan en divorcio (cifras mundiales).

Según la UNICEF en 27 de los países más industrializados del mundo mueren anualmente 3.500 niños menores de 15 años a causa de maltratos físicos o abandono.

La Organización Mundial de la Salud  expresa su preocupación por el incremento de embarazos en adolescentes.

Temas como el divorcio, el maltrato infantil, la violencia doméstica, el abuso sexual de los hijos son cada vez más comunes entre las familias. Esto nos habla de que las familias se han vuelto disfuncionales; algo bien diferente de lo que Dios planificó y es su voluntad directiva.

Pero Dios que ama a la familia, está interesado en restaurarla. Dios es un Dios de restauración. El restaura las familias, las finanzas, la salud. Y Él quiere restaurar las familias, y esto no se trata solo de un simple arreglo cosmético para que en apariencia luzca bien. Cuando Dios restaura a una persona, o familia, o matrimonio, Él restaura siempre  para mejora, para crecimiento y, sobre todo, para superar el estado  anterior.

Ahora el hombre, la pareja y la familia necesitan centrar sus vidas en Dios. Muchos son los cimientos sobre los que el hombre y la mujer edifican un hogar: ellos mismos, los hijos, el trabajo, el dinero, etc. Pero el único fundamento seguro y firme es Dios. Solo Dios es capaz de darle estabilidad a la familia, porque “Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la  edifican” (Salmo 127:1). En vano se esfuerzan los esposos, por fortalecer el matrimonio, en vano se esfuerzan los padres y los hijos por establecer relaciones saludables. La familia necesita a Dios.

A largo de mi vida he visto como familias que se encontraban en la sala de terapia intensiva (en crisis), cuyos matrimonios estaban acabados, fueron restaurados por Dios, y hoy disfrutan, teniendo a Dios como centro, de un hogar edificante y armonioso.

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