FRANCIA: Una cofradía acompaña a sus difuntos pese a la Pandemia

Usando mascarillas resguardándoles la boca y la nariz, cinco hombres vestidos de negro bajan un ataúd hasta una tumba cavada en la tierra.

A pesar de las restricciones aplicadas por la pandemia, una cofradía francesa continúa escoltando a los difuntos hasta su última morada, fiel a ocho siglos de tradición.

El sonar de una campana rompe el silencio en el cementerio de Béthune, una ciudad del norte de Francia. Vestidos con capas negras y guantes blancos, son conocidos como los “Charitables” o los “caritativos”.

Pese al coronavirus, “nuestra misión sigue siendo idéntica. Hacemos exactamente lo mismo, sin importar el rango social del difunto”.

Activos o jubilados, los 25 miembros de la cofradía sepultan cada año aproximadamente 300 muertos en esa ciudad.

“Hemos disminuido nuestras actividades porque ya no hay ceremonias religiosas, pero también nuestros efectivos. Ahora solo somos cinco por entierro, frente a once en tiempo normal, porque no queremos perjudicar a las familias” si somos demasiado numerosos, declara Guénot, el rector de la cofradía.

Cabe destacar que sus miembros “respetan todas las medidas sanitarias”. “Intentamos protegernos al máximo. Si alguno se siente enfermo, por supuesto que no participa. No corremos ningún riesgo”, afirma Patrick Tijeras.

Este hombre se unió a la cofradía noviembre del año pasado tras el funeral de un familiar, durante el cual observo la “fuerte” implicación de sus miembros.

“Sentimos que tenemos una utilidad social. Al igual que un enfermo cuando recibe atención, los muertos tienen también derecho a un trato digno”.Los dias viernes por la mañana el cementerio está casi desierto.

El difunto es una persona sin hogar de 34 años, sin familia ni amigos. Los miembros de la cofradía guardan un minuto de silencio frente al ataúd de madera.

Según la leyenda, los sepulteros de ese entonces no lograban enterrar a todos los muertos. San Eloy, patrón de los herreros, se apareció a dos de ellos para pedirles que dieran un entierro digno a los muertos. La peste desapareció, pero la tradición siguió.

En la actualidad “tenemos que llevar mascarillas por este virus que nos hace sentir tristes y asustados”, dice Pierre Decool, de 66 años.

“Es una situación difícil que nuestros antepasados vivieron” en el siglo XII. “Pero sin embargo saldremos adelante” finalizó Pierre