¡Perdón de Dios!

No somos merecedores de ser salvos y perdonados, rescatados del poder del pecado. Pero Dios nos lo concede de todas formas. No somos salvos por lo que hacemos. Somos salvos por lo que Jesús ya hizo por nosotros.

  • Dicha

Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados.

 (Salmo 32:1)

¡Qué gozo más grande trae el perdón! Hay gran alegría y libertad en saber que somos hijos de Dios. Nuestros pecados ya no cuentan, Dios los borró para siempre.

  • Amor

Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.

 (Lucas 7:47)

El perdón de Dios llena nuestro corazón de gratitud y amor hacia él. Ese amor será evidente a los demás y se manifestará en acciones que exalten a Dios y muestren que hemos sido transformados por él.

  • Nuevo comienzo

 Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente.

(Salmo 103:12)

Cuando Dios nos perdona él decide no tomar en cuenta nuestros pecados. Cristo llevó nuestros pecados en la cruz y nos concede la oportunidad de un nuevo comienzo, una nueva vida guiada por él.