¿Cómo podemos mantener el rumbo y así conservamos espiritualmente fuertes y sin desviarnos del camino al cielo que Dios tiene para nosotros?

El momento para lidiar con el peligro espiritual es antes de que suceda, así que procura estar alerta, es probable que hayas escuchado el antiguo dicho: “Más vale prevenir que curar”. Eso también es cierto espiritualmente.

Piensa en cuán diferente pudo haber sido la vida del rey David si hubiera estado vigilante contra las tentaciones de la mediana edad. En cambio, la vida se convirtió en una espiral descendente de irresponsabilidad, adulterio, asesinato y dolores de cabeza (2 S. 11-12). La Biblia dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Pr. 4:23).

Fortalece tu compromiso con Cristo… ahora. No esperes hasta que la tormenta de la tentación, de la enfermedad o de la vejez amenace con desviarte el rumbo; ahora es el momento para fortalecer tu fe cuando más fuerte sea tu relación con Cristo, más fuerte será tu defensa contra las tentaciones del diablo. Jesús dijo: “Orad que no entréis en tentación” (Ic. 22:40).

Aprende a llevar cada situación a Dios y confiar en Él para el resultado. El amor de Dios por ti nunca cambia, sin importar que problemas enfrentes cuán inestable se vuelva la vida. A Cristo nada le pilla por sorpresa y puedes confiar en Él para hacer lo que es mejor. La Biblia dice: “Confiad en Jehová perpetuamente” (Is. 26:4).

Por último las relaciones que Dios ya te ha dado. Fortalece la relación con tu conyugue, tus hijos, tus amigos y tus hermanos en la fe. Cuando estamos aislados o pensamos que no necesitamos a otros, nos volvemos mucho más vulnerables a la tentación y a meternos en compromisos. Todos tenemos tentaciones, pero a algunos les gusta jugar con ellas.

Por último, aparta la vista de la tentación y ponla en Cristo, y recuerda como manejó Jesús sus tentaciones. En cada situación, Él respondió a Satanás citando las palabras de las Escrituras: “Escrito está”. Confía en la Palabra de Dios para fortalecer y mantener tus pies en el camino recto”.

Billy Graham           

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