El principio del 101%. 3ra parte

Controle su propia actitud. Muchas veces las relaciones son equivocadas porque las actitudes no son las correctas. Debemos formularnos ciertas preguntas para saber si nuestra actitud es la correcta o no. Por ejemplo, si usted tiene conflictos con varias personas, hay muchas probabilidades de que le problema sea usted, no ellas. Pregúntese: ¿Estoy continuamente en conflicto, o se trata de una excepción? Si es una excepción, posiblemente su actitud no sea el problema. La actitud con que vemos a las personas determina en gran manera cómo percibimos lo que ellas sienten acerca de nosotros. Controle sus actitudes.

No reaccione en forma exagerada ante los conflictos. Sin duda, usted tendrá conflictos: no los haga peores al exagerarlos. No suelte una bomba cuando sería suficiente con una piedra y una honda. Si espera los conflictos, estará mejor preparado para manejarlos con sensatez.

No se ponga a la defensiva. Cuando estamos a la defensiva en una relación, nunca podemos ganar. Un líder seguro sabe cómo decir: “Lo siento. Me equivoqué. Entendí mal. Por favor, perdóname”. Cuando nos defendemos, cuando saltamos  a defender nuestros derechos, comenzamos una batalla. Nunca resolveremos nuestras diferencias si nos ponemos a la defensiva.

Acepte el conflicto. Haga del conflicto una experiencia de aprendizaje. La mayoría de nosotros no disfruta los conflictos, pero podemos estar agradecidos por ellos si nos sirven para aprender. Los conflictos pueden darnos como resultado una úlcera o una mejor comprensión; nosotros elegimos.

Arriésguese. La mayoría de las personas no trabaja para resolver los conflictos en las relaciones porque tiene miedo de arriesgarse. Si mi relación con usted no es firme, y usted extiende de su mano hacia mí en un gesto de amistad, ¿cómo se sentiría si yo no la tomara? Primero, se sentiría ridículo allí parado con la mano en el aire. Segundo, se sentiría rechazado. Muchas personas no enfrentan sus conflictos porque no quieren ser rechazados. No están dispuestas a correr ese riesgo.

Cierto día, cuando comprendí que iba a ser un líder, me senté y escribí todas las formas en que yo pensaba que un líder podía ser herido. Después que escribí decenas de ellas, las agrupé en diferentes categorías. Descubrí que los líderes siempre corren el riesgo de ser heridos. No permita que nadie lo convenza de que todos lo amarán siempre. Si usted está al frente y lidera gente, alguien va a herirlo. El tema no es si lo harán o no, en que forma lo harán. Yo decidí que si alguien me hería, sería porque yo confío en las personas y me permito ser vulnerables ante ellas. Conozco personas que dicen: “Yo no me acerco a las personas para que no me hieran”. He visto a muchos que se construyen fortalezas de cristal; que son buenos como maniquíes, pero muy malos líderes. Yo estoy dispuesto a ser herido en ese sentido, y por ellos he descubierto que hay personas en las que yo confíe y creí, que han crecido, porque yo me arriesgué a acercarme a ellas; porque me arriesgué a ser rechazado por ellas. Muchas veces, la mayoría de las veces, vale la pena correr el riesgo. Permítase ser vulnerable.

Como cultivar buenas relaciones

Afortunadamente, no siempre tenemos que enfrentar conflictos. Tenemos algunas relaciones buenas. ¿Cómo podemos hacerlas mejores aún? En Juan 10 encontramos tres cosas que podemos hacer para cultivar buenas relaciones: conocer a las personas, hacerlas crecer y darles el ejemplo. Las relaciones comienzan con el conocimiento, continúan con el crecimiento y llegan a su clímax con el ejemplo. Conocerlas: Jesús llamaba a sus ovejas por nombre. Hacerlas crecer: ellas escuchaban su voz y se acercaban a Él. Darles el ejemplo: Jesús caminaba delante sus a ovejas, y ellas lo seguían.

Conocerlas. Quisiera darles los pasos básicos para comenzar buenas relaciones. Reconozca que necesita de los demás. Para que sus relaciones se cultiven en forma adecuada tendrá que admitir que necesita a otras personas en su vida. Pablo enseña que “hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decirle a la mano: No te necesito. Ni puede decirle la cabeza a los pies: No los necesito” (1 Corintios 12:20-21). Un cristiano es completo cuando está lleno del Espíritu Santo, pero también es complementado por diferentes amigos con sus dones particulares. Los amigos son esenciales. Reconozca que los necesita. Mientras no lo haga, no podrá tener relaciones sanas.

John C. Maxwell

Leer más: El principio del 101% 4ta parte

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