El problema de la satisfacción

En apocalipsis 3 vemos que la iglesia de Laodicea tenía un problema: estaba demasiado satisfecha. Dios le dijo: “Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. Dices: “Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú” (Apocalipsis 3:15-17).

Cuando nos sentimos satisfechos con notros mismos, nos falta la compasión necesaria para alcanzar a otros. Es difícil interesarse por los demás cuando no entendemos lo que es la necesidad. Cuando estamos satisfechos y saciados, es difícil que ayudemos a los que tienen hambre y sufren. Por eso los cristianos que están en la iglesia hace mucho tiempo algunas veces no sienten compasión ni deseos de alcanzar a los demás; han olvidado lo que es estar ahí afuera. Se han aislado de las personas que necesitan escuchar el mensaje del evangelio, de las personas que aún sufren y pasan necesidad; ya no se codean con la multitud. Lamentablemente, este es un problema muy real en la comunidad cristiana. La satisfacción se ha apoderado de la iglesia. Tenemos lo que queremos, y estamos contentos con nosotros mismos.

¿Cuáles son las características de una persona que se siente satisfecha y saciada? Primero, no desea pagar el precio. No puede tomar decisiones correctas. Muéstreme una persona o una iglesia satisfecha, y le mostraré a alguien que no pueda tomar decisiones correctas, porque las decisiones correctas son difíciles, y las decisiones difíciles siempre tienen un precio.

Las personas que se sienten satisfechas están más preocupadas por conservar lo que tienen que por satisfacer las necesidades de los que las rodean. Tienen una mentalidad de “mantenimiento”. Solo quieren seguir siendo felices. Su compromiso en la iglesia no es con la Gran Comisión, sino con mantener los baños limpios, publicar prolijos boletines y hacer cenas de camaradería. Lo veo en las denominaciones que tienen programas que agradan a todo el mundo, decisiones aceptadas por todos, planes aprobados por todos… y que no muestran ningún signo de progreso.

John C. Maxwell