Relaciones que pueden convertirse en familia.

Aun aquellas familias que ya se reconocen como familia en nuestra cultura nuclear y tradicional eligen ser familia, según la definición cristiana de familia. María eligió seguir a Jesús, y al hacerlo, ella decidió ser un miembro de su familia, edificando sobre la elección que había hecho previamente de someterse a la voluntad de Dios y ser su madre biológica. Las personas o casas que se han bautizado juntas como la de Lidia y la del carcelero en Hechos 16 siguen siendo familias, pero mediante su elección de seguir juntos a Jesús, ellos se convierten en familias.

El mayor desafío que tienen las congregaciones en los Estados Unidos es ayudar a las personas a elegir y vivir como una familia cuando no están emparentadas biológica o legalmente o incluso no vive bajo el mismo techo. Algunas personas están solas en la congregación porque no tienen familia o porque su familia legal/biológica no comparte su fe. Además de esto, la iglesia enriquece la vida de todas las familias incluso las que viven en familias nucleares y entendidas nutriendo el desarrollo de lazos entre los miembros familiares, como el lazo de Pablo con la pareja de Priscila y Aquila (Romanos 16:3-5).

Dos maneras en que las congregaciones pueden apoyar el desarrollo de relaciones familiares son: (1) animando a las personas de diferentes edades y situaciones a participar en la vida de la congregación, y (2) ofreciendo programas especialmente diseñados para alentar el desarrollo de las relaciones.

Una manera importante de ayudar a que se formen familias de fe y afianzar las relaciones familiares existentes en una comunidad de fe es alentar a las personas de una misma familia y personas de diferentes generaciones y situaciones a participar en la vida comunitaria unos con otros, beneficiándose de los dones del otro y cuidando las necesidades de los demás. Las familias y grupos transgeneracionales son ideales para lo que estamos tratando de lograr en la vida comunitaria: cuidar de los demás, ministrase unos a otros, adorar juntos a Dios. Tanto los niños como los adultos aprenden mejor sobre el amor de Dios al ser amados por el pueblo de Dios, aprenden a ser hijos de Dios al pertenecer a una familia, aprenden a adorar, al adorar a Dios junto con todo su pueblo, y a ministrar al servir y ayudar a los demás.

La iglesia puede servir como una especie de casamentera, al proveer el contexto en donde los potenciales miembros de familia en diferentes generaciones y situaciones de vida pueden conocerse y aprender a cuidar uno del otro. Como citas a ciegas, juntar a adultos mayores con niños para una actividad, o cualquier otra clase de actividad en la que juntamos distintas personas, puede ser una manera de permitir que los miembros conozcan otra gente que de otro modo no tendrían la oportunidad de conocer. Las amistades no se forman a cada rato, por supuesto, pero a veces sí se forman y pueden convertirse en familia con el paso del tiempo y las circunstancias.

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